NVIDIA lleva tiempo lidiando con los controles de exportación que restringen el envío de sus chips más avanzados a China. Pero ahora, la compañía dirigida por Jensen Huang afronta una presión doble: mientras trata de esquivar las medidas de Washington, también debe enfrentarse a nuevas barreras impuestas por Pekín, que amenazan con reducir aún más su margen de maniobra en uno de sus mercados clave.
Una amenaza creciente. Como decíamos, los desafíos para NVIDIA no son nuevos. En 2022, la administración de Joe Biden prohibió la exportación de sus chips A100 y H100, diseñados específicamente para tareas de inteligencia artificial. La compañía advirtió entonces que la medida podría suponer hasta 400 millones de dólares en pérdidas de ventas en China. La respuesta no tardó: decidió mover ficha.
Así, NVIDIA diseñó un producto pensado exclusivamente para mantenerse presente en el mercado chino. Para lograrlo, no tuvo más opción que reducir las capacidades de sus chips y adaptarlos a las exigencias regulatorias. De ahí nacieron los A800 y H800, versiones recortadas de sus modelos estrella. Durante un tiempo lograron comercializarse en China, pero una segunda ronda de controles acabó dejándolos fuera de juego.
El H20 también tambalea. Una vez más, el equipo liderado por Jensen Huang se puso manos a la obra para desarrollar un chip adaptado al mercado chino. El resultado fue el H20, una versión recortada frente a sus equivalentes en Occidente, pero planteada como su gran apuesta para China. Las previsiones de venta en 2024 superaban el millón de unidades. Sin embargo, los obstáculos no han tardado en aparecer.
Ahora las presiones llegan desde Pekín. El año pasado, el gobierno chino empezó a recomendar a las empresas locales que dejasen de adquirir GPUs de NVIDIA. En plena carrera global por la inteligencia artificial, la medida parecía contradictoria. Pero el contexto lo explica: justo entonces, varios fabricantes chinos estaban ultimando sus propias alternativas para reforzar la capacidad de cómputo del país sin depender de tecnología extranjera.
Huawei no se ha quedado de brazos cruzados. La compañía ha apostado fuerte con productos como el Ascend 910C, un chip que, como apunta Tom’s Hardware, alcanza en tareas de inferencia cerca del 60% del rendimiento del H100 de NVIDIA. Además, está optimizado para modelos de lenguaje de gran tamaño y ya ha comenzado a ser adoptado por gigantes chinos como Baidu o ByteDance. Huawei también cuenta con otras variantes, como el Ascend 910B.
Pero hay más. A mediados del año pasado, el gobierno chino presentó un plan de acción para impulsar el “desarrollo ecológico de los centros de datos”. El objetivo era claro: mejorar su eficiencia energética. Para medir los avances, las autoridades optaron por una métrica conocida como PUE (Power Usage Effectiveness), que relaciona el consumo total de energía del centro —incluyendo climatización, iluminación y otros sistemas auxiliares— con la energía utilizada exclusivamente por el equipamiento de TI, como servidores, redes o GPU.
El objetivo del plan era reducir el PUE de los centros de datos por debajo de 1,5 para 2025. Conviene recordar que cuanto más se aproxima el PUE al valor 1, más eficiente es el centro de datos. Una de las claves para lograrlo pasa por utilizar tarjetas gráficas más eficientes, que generen menos calor y, por tanto, reduzcan el consumo energético del sistema de refrigeración. El problema, como señala el Financial Times, es que los chips H20 no terminan de encajar en esta ecuación.
Según el mencionado periódico, la Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma está instando a las compañías locales a utilizar únicamente chips que cumplan con exigentes estándares de eficiencia energética, tanto en nuevos centros de datos como en ampliaciones de los ya existentes. En la práctica, esto se traduce en una presión creciente sobre las tecnológicas chinas para que reduzcan —o directamente abandonen— su dependencia de GPUs fabricadas en Estados Unidos.
Por ahora, la normativa no se aplica de forma estricta, pero todo apunta a que eso podría cambiar. En el horizonte asoma un posible endurecimiento del control: inspecciones in situ, sanciones económicas y requisitos más duros. Si ese escenario se materializa, NVIDIA podría verse ante un golpe aún mayor en el que, hasta ahora, es su cuarto mercado más relevante: China representa el 13% de sus ventas globales, con más de 17.000 millones de dólares en ingresos anuales.
Imágenes | aboodi vesakaran | NVIDIA
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La noticia
Doble problema para Nvidia en China: a los controles de EEUU se suman ahora los del propio Pekín, y apuntan a su chip estrella
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Xataka
por
Javier Marquez
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